Lucha Microbiológica: nuevos horizontes para la mejora de la sanidad de los cultivos

Autores: Mila Santos, Fernando Diánez

Actualmente, existe una clara concienciación en materia de seguridad alimentaria y son de gran interés aspectos tan relevantes como la seguridad química y microbiológica de los alimentos, el impacto medioambiental de la actividad productiva, la seguridad laboral, la trazabilidad y la información que rodea al proceso productivo y al producto.

Como respuesta se han desarrollado esquemas certificables de buenas prácticas de producción y manipulación de alimentos (sometidos a auditorías de verificación), siendo sus artificies las administraciones públicas, así como asociaciones privadas, con gran vinculación a las cadenas de distribución de alimentos y a las asociaciones de productores.

El sector de frutas y hortalizas, es sin duda, un sector clave para España, sector con clara vocación exportadora, que han sido punta lanza en la certificación agroalimentaria mundial, con una gran relevancia del sector español.

Nos enfrentamos a desafíos como, minimizar la cantidad de residuos así como el número de materias activas y el manejo de resistencias , al tiempo que mantenemos la productividad y la rentabilidad de la actividad agrícola. Esto, sólo está siendo posible mediante el uso de nuevas tecnologías englobadas en sistemas de producción integrada, que permitan avanzar poco a poco hacia una mejor aplicación y reducción en el uso de fitosanitarios.

El control biológico de las plagas es una realidad en los invernaderos del sudeste de España , realidad que cada día se consolida sobre una mayor superficie productiva.

Actualmente, aunque ya se han realizado ciertos avances, la asignatura pendiente de nuestros sistemas intensivos es el control biológico de las enfermedades. Nuestra producción de frutas y hortalizas se enfrenta a las restricciones que las grandes cadenas de supermercados europeas establecen en sus especificaciones de compra sobre la presencia de materias activas en las analíticas multiresiduos de fitosanitarios.

Estas son mucho más restrictivas, que las que establecen la propia legislación comunitaria, tanto por cuantía como en número de materias activas detectadas que permiten. Esto nos fuerza a buscar nuevas herramientas para el control no químico de plagas y fundamentalmente, enfermedades . El uso de microorganismos como Agentes de Control Biológico (ACBs) puede ser una de las claves.

Cuando hablamos de lucha biológica entendemos rápidamente que vamos a controlar las plagas y enfermedades mediante el empleo de otros organismos o microorganismos. Sin embargo, el término “lucha biológica” con respecto al manejo de enfermedades es un término que en la mayoría de los casos se queda “corto”.

La aplicación de microorganismos en los cultivos supone múltiples beneficios que van más allá de la reducción de inóculo del patógeno, tanto en suelos o sustratos, como en la propia planta. Así, numerosos ACBs se caracterizan por presentar un alto potencial competitivo y reproductor y, además, una gran habilidad de supervivencia en condiciones desfavorables o condiciones de estreses abióticos, como salinidad, estrés hídrico o por presencia de compuestos químicos tóxicos como son los fungicidas, entre otros.

Esta elevada capacidad de supervivencia garantiza, por un lado, la competición y el antagonismo frente a otros microorganismos no deseados, los patógenos, así como una protección o barrera en la propia planta (ver Figura 1).

Las interacciones que ejercen los Agentes de Control Biológico con la planta se producen por el beneficio mutuo que obtienen ambas partes. Así, el ACB obtiene nutrientes complejos ya elaborados por la planta, y a su vez la planta, toma los nutrientes sencillos, tales como el fósforo, aportados por los microorganismos y que en muchos casos no está disponible para la planta. Ese “matrimonio de conveniencia” entre ambos permite por un lado impedir o al menos reducir el ataque del fitopatógeno, y por otro, estimular el desarrollo de las plantas e incluso, generar incrementos en el rendimiento de la producción.

La aplicación de estos microorganismos en el semillero supone un buen punto de partida para la obtención de una planta “más sana”. La aplicación del ACBs en el sustrato o en la semilla permite la multiplicación del microorganismo de manera conjunta con el sistema radicular en desarrollo dando lugar a un efecto directo en el incremento del vigor y germinación de las semillas, así como en la promoción del crecimiento de las plántulas.

El efecto beneficio de la colonización temprana de las raíces antes del establecimiento de las plántulas en el campo puede prolongarse durante el trasplante y desarrollo del cultivo, dado que muchos microorganismos actúan como endosimbiontes, es decir, se introducen en la raíz de la planta sin causar ningún daño.

Por lo tanto, entendemos que el término ACBs, que generalmente implica el control de una enfermedad o algunas pocas, debería ser sustituido por agentes probióticos, ya que se trata de microorganismos que permiten incrementar el estado sanitario de las plantas siendo más aptas para combatir distintas enfermedades, promocionar el desarrollo vegetal, y a su vez, generar diferentes mecanismos de actuación frente a otros microorganismos perjudiciales (antibiosis, competición, fungistasis, etc).

No podemos olvidar en este repaso rápido de control biológico, que muchos microorganismos son capaces de generar resistencias inducidas en las plantas.

Es decir, generan cambios imperceptibles en la planta a nivel bioquímico, molecular y estructural, dado lugar a que la planta se haga resistente a una enfermedad determinada, lo que denominamos de forma incorrecta como vacunación.

Debemos por tanto apostar por incrementar la actividad biológica en nuestros cultivos , con el fin de reducir el nivel de presión de fitopatógenos e incrementar a su vez la sanidad de la planta. Es posible una agricultura más sostenible y respetuosa con la salud humana, medioambiente y trabajadores. Es importante que la agricultura se dirija hacia un control integrado en el manejo de plagas, pero también de enfermedades y que los agricultores tengan a su disposición distintas herramientas, reguladas minuciosamente por el legislador en cuanto a toxicología y residuos.

Catedrática de Protección de Cultivos en el Departamento de Agronomía de la Universidad de Almería (dede 2012). Docente (desde 1995), 20 años de experiencia docente e investigadora en control biológico de enfermedades.

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