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Las tres plagas de la vid, la ciencia salvó al vino

Todo en la vida empieza con un llanto. Una lágrima se abre camino y a ritmo acelerado suceden los cambios.

Los siglos XIX y XX fueron decisivos en el mundo del vino. Épocas de grandes acontecimientos políticos que crearon una nueva realidad social y económica en el primer mundo. Dos momentos fundamentales para la viticultura europea que vio cómo tres terribles plagas de origen americano devastaban sus viñedos en poco tiempo: el oídio , la filoxera y el mildiu .

Corría el año 1855 cuando Francia, capital del comercio del vino, distingue por primera vez dos calidades de vino: el fino para la alta burguesía y, otro, de grandes cantidades, para el pueblo llano. Por aquel entonces, la importancia que adquirió el mercado del vino a nivel europeo hizo que Napoleón III pidiera a Louis Pasteur que estudiara las enfermedades del vino (‘Éstudes sur le vin’ 1863), descubriendo la importancia del oxígeno en su evolución, y la necesidad de limpiar y desinfectar los envases antes de su llenado. Todos estos avances ayudaron a cubrir la creciente demanda del vino de calidad.

Los viticultores tenían los factores agrícolas ‘controlados’ gracias a su experiencia. Era una época de esplendor, el viñedo se extendía ya no solo en las zonas clásicas del Mediterráneo sino también por el Nuevo Mundo. La propagación cronológica de las tres grandes plagas del vino: el oído , mildiu y la filoxera, provocaron un sinfín de cambios agronómicos, tanto en la introducción de maquinaria como de productos químicos; injertos, etc…, también en la distribución y extensión de los viñedos.

Ni los viticultores, ni la Vitis europea, estaban preparados para contener la propagación de las enfermedades de origen americano. Las consecuencias fueron terribles y se necesitaron grandes esfuerzos económicos para encontrar los remedios necesarios. Por primera vez viticultores, administración y científicos se juntaron para combatirlas.

El desfase productivo originado por las plagas en las diferentes zonas vitícolas del mundo activó el mercado internacional del vino, principalmente de los vinos por volumen y en especial aquellos procedentes de Italia y del Noreste español. Esta gran demanda de vinos comunes originó la creación de bodegas de gran tamaño, tanto para su elaboración como para su almacenamiento. Las pequeñas bodegas y los viticultores se veían obligados a vender la uva o el mosto a los intermediarios. Es entonces cuando a principios del s. XX, en España, comienzan a aparecer las primeras Cooperativas.

Los viticultores tuvieron que adaptar su modelo de productivo debido a los gastos asociados a los nuevos tratamientos contra las plagas y la reconstrucción del viñedo con los portainjertos para evitar la filoxera, además tuvieron que aprender nuevos métodos de cultivo, emplear maquinaria, adquirir conocimientos de química, de tratamientos, de injertos, etc, para lo que necesitaban asesoramiento, naciendo por aquel entonces la figura del viverista y las estaciones enológicas.

La primera gran enfermedad de la viña fue el oídio

En 1845, Edward Tucker, un jardinero de un pueblo del estuario del Támesis a unos 100 km de Londres, encontró una sustancia polvorienta en las hojas y las uvas de algunas de sus cepas y envió una muestra para su análisis al reverendo y botánico M.J. Berkeley de Bristol. Tras su examen, Berkeley, determinó que se trataba de una especie de hongo, y en honor a su descubridor lo denominó Oídium tuckerii.

Tres años más tarde, en 1848, el mismo hongo se detectó en las viñas del Palacio de Versalles y pasados dos más, se comenzó a ver en los viñedos del sur de Francia. Apenas 7 años después del primer hallazgo, en 1852, ya se encontraba en casi todas las regiones vinícolas de Europa. Conviene resaltar que su rápida propagación se vio facilitada por la creciente expansión de la red ferroviaria europea de mediados de siglo.

El origen de Oídium tuckerii es incierto pero, con gran probabilidad, éste puede estar en la curiosidad. En la década de 1840, Gran Bretaña, experimenta una gran curiosidad por las exóticas plantas que crecen en sus numerosas colonias. La primera detección del Oídio en un invernadero de Inglaterra probablemente se produjo por la introducción de una cepa ornamental traída desde el nuevo continente.

El descenso devastador de las cosechas provocó una actividad frenética en busca de una posible cura. Los esfuerzos por parte de las administraciones fueron muy grandes, una muestra fue a comienzos del año 1854, vista la gravedad que estaba adquiriendo la plaga en España, el Gobierno abrió un concurso público, con un premio de 25.000 duros (toda una fortuna por aquel entonces) al autor del método más seguro y eficaz para curar oídium tuckeri. La respuesta a tan jugosa oferta fue abrumadora y en ella participaron no sólo españoles, sino también extranjeros.

De vuelta a Francia, en el año 1852, 4 años después de la primera detección en Versalles, Grisón, jardinero mayor del palacio, lograba cierto éxito en la prevención del Oídium rociando las vides con una mezcla de azufre y cal hervidos. Inventa el polisulfuro cálcico o cómo fue llamado -eau Grisom- comenzando la era de los descubrimientos fungicidas. Sin embargo, este tratamiento era tan meticuloso que no era aplicable en grandes extensiones de viñedo .

No fue hasta tres años más tarde (1855) cuando Henry Marès, de Château Launac (Montpellier) halló una solución más efectiva rociando los viñedos con azufre puro y la ayuda de una máquina. Su coetáneo, el marqués de Lavergne, gran propietario de Burdeos perfeccionó la técnica y frecuencia de tratamiento. Ambos fueron considerados héroes en la sociedad francesa del momento.

Es curioso que coincidiendo con esa primera solución para el oídio , en el sur de Francia, las hojas de algunas vides comenzaron a secarse y las cepas morían sin causa aparente. Se pensó en la ineficacia del tratamiento y no fue hasta 1869 que identificaron la nueva plaga: la filoxera, una plaga de origen animal, procedente de un insecto parasitario de la Vitis americana, en la que vive sin dañarla, pero en la Vitis europea acaba estrangulando las raíces de la vid y provoca la muerte de la planta.

El oídio y el mildiu son plagas de tipo criptogámico causadas por un hongo u otro organismo filamentoso. Se reproducen en ambientes climáticos de temperaturas suaves y altos índices de humedad. Se manifiestan causando daños en los pámpanos y en la uva, pueden llegar a acabar con la cosecha, pero no matan la cepa. Hasta la fecha los únicos remedios eficaces demostrados son tratamientos químicos: sulfato de cobre para el mildiu y azufre para el oídio .

Es frecuente que al repetir el mismo tratamiento contra una plaga decrezca su efectividad, incluso aumentando la dosis. Esta resistencia en algunos casos es innata a la especie, en otros está influenciada por la modificación del genoma de manera que la mutación creada sea resistente.

Hoy en día la investigación y el desarrollo de fungicidas para viña ha evolucionado enormemente. Las formulaciones más evolucionadas, en base a familias quiímicas complementarias, aportan soluciones muy concretas contra el oídio y mildiu, y la aparición de resistencias. Por ley, todos los productos fitosanitarios deben ser compatibles con la fauna auxiliar y la gestión integrada de plagas. El asesoramiento profesional es una práctica habitual en la producción vitivinícola y agrícola en general. La viticultura se ha convertido en una práctica en la que grandes profesionales emplean grandes avances científico-técnicos con la misión de mantener el frágil equilibrio de las cosechas. Entre otras, las medidas de seguridad y uso reseñadas en los envases, con especial atención al correcto número de tratamientos y periodos de seguridad, desarrollados de forma científica y testados en base a las particularidades concretas de un territorio son algunas de las garantías que ofrece hoy en día el campo de la sanidad vegetal en la viticultura moderna.

Autor: Carlos Águila

Autor: Carlos Águila

Apasionado del mundo del vino y sus historias, Licenciado en Marketing.

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Bibliografía

  • Juan Piqueras Haba “De les plagues americanes al cooperativisme a Espanya”.
  • José Peñin “Historia del vino”
  • H. W. Paul “Science, vine and wine in modern France”
  • J. Pan-Montojo “La bodega del mundo. La vid y el vino en España”

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