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Agricultura

Una campaña en la viña: el ciclo de la vid

Autora: Ana Díaz

Desde la parada invernal pasando por la llegada de la lágrima, hasta conseguir una buena vendimia.

Si hay algo que me apasione del campo es ver como año a año se renueva. Como si se tratara de un nuevo comenzar, de dejar ir lo vivido y empezar un nuevo ciclo, con todo lo que ello conlleva. Particularmente los leñosos de hoja caduca. Y en especial el viñedo, ese cultivo que cada año nos regala el mejor fruto que luego pasará a dar un buen vino.

“Una buena añada”, como dirían los expertos en vino, y no tan expertos como podría ser cualquier persona que aprecie este producto tan histórico y querido. Un producto cuyo consumo se extiende cada vez más entre la población (¡y menos mal!). Pero no voy a hablarte de vinos, pues no soy experta; me considero más bien de las que lo aprecian mejor en compañía, que creo que es de lo más importante de un vino, aparte de que este bueno, ¡claro!

Hoy voy a hablarte del ciclo de la vid y de cómo año a año la viña nos sorprende con sus nuevas ramas, hojas y racimos que no existirían si no descansara primero con esa parada invernal.

Se habla de que existen siete etapas de la viña, siendo la última el reposo invernal, pero, si me lo permites, voy a comenzar por donde pienso que empieza el ciclo de la vid realmente: por el final de la última vendimia que da paso a la caída de esa hoja y que entrará a un descanso merecido. Un período destacable además por tratarse de la época de poda.

Caída de la hoja y parada invernal

Empiezo por aquí, porque en un año natural empezando por enero en el hemisferio norte, nos pilla en parada invernal, donde la viña se queda sin hojas y llena de troncos desnudos que serán cortados con la técnica de la poda. Aunque un año natural, no coincide con el ciclo de la vid.

Durante los meses de octubre a diciembre, con la llegada del otoño y la caída de las hojas, la acumulación de reservas desde las raíces que ha llevado a cabo anteriormente se paraliza, siendo recomendable en este momento realizar el aporte de abono orgánico, garantizando así el reposo adecuado de la viña. A partir de la entrada del invierno, en enero, entrará en reposo invernal , dando paso a la siguiente actividad más importante y que se lleva un gran peso en cuanto a los gastos económicos que conlleva el mantenimiento del cultivo: la poda.

La poda, la técnica capital para asegurar la calidad del fruto y la permanencia de este cultivo año a año sobre un alambre, si estamos ante una conducción entre emparrados o; sobre un espacio reducido y cuadrado, si estamos ante la conducción más antigua como es el vaso. En la poda vamos a cuidar que la madera del viñedo se renueve año a año sin enfermedades, de ahí que existan protocolos para tratar esa madera en la parada invernal. Y con la parada invernal este cultivo podrá soportar las bajas temperaturas y las condiciones atmosféricas adversas. En esta época veremos las cepas sin brotes ni partes vegetales. La anterior pámpana sobre las plantas durará más o menos dependiendo de la zona y del frío que haga ese invierno, que se iniciará con los primeros hielos que caigan, aproximadamente, entre diciembre y enero. Y será sobre finales de febrero-mediados de marzo cuando se inicie el proceso de plantación de las nuevas vides coincidiendo con la salida de la parada invernal.

La llegada de la lágrima o fase de crecimiento

A mediados de marzo, empieza el movimiento de la savia. Cuando la temperatura de las raíces y del suelo sobrepasa los 10ºC comienza un nuevo ciclo donde, de nuevo, todo puede pasar. El viñedo comienza la respiración celular, la recuperación de la absorción del agua y de elementos minerales. El agua y las materias minerales disueltas fluyen ascendiendo por todas las partes leñosas de la planta, asomando a modo de lágrimas por las heridas y cortes de poda anterior.

Es en esta etapa cuando se recomienda que el viticultor limpie las malas hierbas de las viñas, pudiendo usar en este momento para el control de estas malas hierbas. Los herbicidas deben aplicarse con mucho cuidado, pues podemos crear fitotoxicidad en la siguiente etapa de brotación. También se recomienda que se haya realizado antes el atado del viñedo ya que a partir del lloro la planta entra en actividad y podemos entorpecer las brotaciones de las yemas.

Desde últimos de marzo a últimos de abril se produce esa brotación. La actividad de la raíz, que es la que comienza primero, se manifiesta sucesivamente en toda la planta: moviliza la savia elaborada y acumulada en la misma, primero en las yemas, y después alcanza todo el nudo y los entrenudos.

La yema se hincha hasta la separación de las escamas, apareciendo una especie de algodón llamado “borra”, y a continuación los órganos verdes, formando la "mariposa".

La floración y cuajado, el momento más sensible para el viñedo

Momento en el que empiezan a desarrollarse los órganos vegetativos y se crean otros órganos nuevos: raíces, yemas, nietos y racimillos. Aparecen lo que serían los futuros racimos de un tamaño muy pequeño que, con el paso de los días, irán creciendo. En esta fase, el viticultor acabará de podar la viña (“poda en verde”) y es momento de realizar los primeros tratamientos preventivos en las cepas para combatir las plagas y enfermedades de la planta . Sobre todo, si las condiciones de temperatura y humedad son favorables a estas y teniendo muy en cuenta cómo acabó el viñedo en la campaña anterior.

Normalmente desde últimos días de mayo y junio empieza a subir la temperatura y se abre la flor para su fecundación. La etapa más sensible y bonita donde las flores de color blanco y de minúsculo tamaño se abrirán, esperando a ser polinizadas por el viento o algún insecto. Es importante que durante esta época, que suele durar unos 20 días, el tiempo sea favorable ya que una lluvia torrencial o excesivo viento podría dejar sin cuaje, con la consecuente perdida de la cosecha. Durante esta etapa de floración, si la humedad y temperatura siguen siendo favorables a los hongos, se continúa con los tratamientos fitosanitarios.

Despuntes y envero: La fase de maduración

El fruto tiene que madurar durante el verano: julio y agosto. En esta época el viticultor se debe pasear y observar el viñedo para evitar que se desarrollen plagas como la araña , y controlar que el fruto madure y tenga un buen crecimiento con agua y abono mediante fertirrigación y/o aplicaciones foliares. Al mismo tiempo se van realizando estimaciones sobre la producción de esta campaña. Es momento de comunicar en bodega estas estimaciones para que vayan haciendo todos los preparativos para la inminente “añada”.

Durante esta etapa las uvas cambian de color hasta alcanzar la maduración, pasando de un color verde a unas tonalidades mas amarillentas pálidas (en el caso de las variedades blancas) y rojos vivos (en el caso de los tintos), esto es lo que conocemos como “envero”.

Ahora sí, ¡llegó la vendimia!

El momento más esperado llega entre los meses de agosto o septiembre, y se prolonga hasta octubre. Aquí los viticultores, bodegueros y técnicos colaboran para que todo esté coordinado. Los enólogos toman muestras y las llevan a analizar para ver si se han alcanzado los niveles de azúcar, acidez y otros componentes deseados.

En este momento veremos si hemos sido capaces de controlar tanto plagas como enfermedades durante todo el ciclo vegetativo, por el estado del viñedo. Aunque puede existir una complicación más en esta época y es la Botrytis . Una enfermedad que pudre la uva en caso de haber humedades por precipitaciones, granizos de agosto o porque no hemos controlado bien el crecimiento de la baya. En este último caso, las uvas pueden llegar a dejarse sin espacio para el engorde unas a otras y se producirían rajaduras. En este caso hay que estar atentos en viñedos complicados y en caso de aparecer la enfermedad, cosechar la uva cuanto antes.

La vendimia puede comenzar cuando se da el visto bueno desde bodega. En ese momento inicia el proceso más esperado del año, siendo laborioso en algunos cultivares o variedades donde hay que hacerlo a mano, momento en que la cuadrilla de vendimiadores interviene. Tanto vendimiadores como maquinistas son los responsables de transportar las uvas hasta las tolvas de la bodega donde se inicia, ahora sí, el proceso de elaboración del vino.

Falta mencionar otro momento muy importante y que muchos dejan a la suerte del clima de ese momento. En estos meses de septiembre hasta noviembre aproximadamente que comenzará a caer la hoja, el viñedo sigue creciendo.

A la terminación del verano aparecen pámpanos nuevos, pequeñas hojas en las puntas de los nietos, un crecimiento originado por una pequeña actividad en la multiplicación celular de la planta. En este momento el viñedo está recogiendo reservas hacia las raíces que acumulará para irse a descansar, por eso si no llueve durante esta época, es importante regar el viñedo en caso de ser posible. Después de esa recogida de reservas, la planta para de crecer y el pámpano se modifica adquiriendo un color amarillo caramelo, quedando llena la ‘despensa’ de la viña y lista para un merecido descanso. Aquí damos por terminada la campaña y comenzaría un nuevo ciclo.

¡Nos vemos en la próxima campaña!

Autora: Ana Díaz

Emprendedora del mundo rural. Graduada en Administración y Dirección de Empresas. Gerente de Sercopag, asesoría agrícola especializada en cultivo de leñosos.

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